El jefe para distraernos un ratito, nos llevó a su plantación, a unos cinco minutos caminando desde la fábrica de té. Me di cuenta que su fabrica está sola allí, alrededor no hay ni un vecino. La fábrica de té está rodeada de vegetación, principalmente bosque y plantaciones de té. En la plantación unos cosechadores estaban cosechando hojas. En toda su plantación no utilizan productos químicos, siguen estrictamente los controles naturales que necesitan para mantener la plantación sana. En los arbustos de té, cortados a un metro y medio de altura, se pueden ver las telas de araña, las mantis y otros insectos que contribuyen al equilibrio necesario en la plantación. Moviendo las ramas y las hojas de las plantas de té tuvimos la suerte de descubrir un nido de pajarito.

La pipa está metida en mi cabeza. Después de visitar la plantación y con este objetivo bien definido, caminamos hacia el pueblo donde vivía la familia del señor Ou. El camino de tierra era cómodo y en la lejanía se vislumbraba el pueblo. A medida que nos acercábamos observábamos mejor sus casas, no muchas, unas veinte casetas todas ellas pintadas de color amarillo y construidas en madera. Tardamos una media hora desde la plantación en llegar al pueblo y durante el camino nos encontramos unos niños, muy alegres, que nos siguieron todo el rato. Estos niños de unos cinco años de edad salían de la escuela. Ou nos comentó que cada día tenían que caminar unas tres horas para ir a estudiar, tanto si llovía como no. Nos miraban con muchísima curiosidad, pero tenían vergüenza de acercarse. Casi llegando al pueblo, uno de los cinco niños quiso subir a un árbol para cogernos unas frutas. Aunque Ambròs intentó decirle que era peligroso, el ni caso, y subió al árbol como un mono. Desde la cima del árbol nos tiraba los frutos verdes. Era una fruta típica de la zona, vacía de dentro, un poco astringente, ácida, tierna y crujiente. Nos acompañaron todos cuando entramos en el pueblo, pero poco a poco iban desapareciendo a medida que entraban en sus casas.

Las casas de maderas, son de dos plantas. La planta baja no es para vivir, es para guardar las herramientas que utilizan para trabajar en el campo, guardar leña y también ubicar las herramientas que utilizan para procesar manjares típicos de la zona, como el molino de piedra para moler grano, fabricar tofu y maquinas de madera para procesar el té. La segunda planta es para alojar la familia, y el altillo y/o terraza para secar los alimentos sacados del campo. Pudímos ver los pimientos rojos, entre otras plantas, secándose estirados en el suelo o colgados, también observamos trozos de cerdo curándose muy parecidos a los jamones que conocemos aquí. El señor Ou iba preguntando a las personas del pueblo sobre la pipa, pero sin éxito, nadie quiere vender su pipa. A la vuelta encontramos un poco de lluvia, que nos fue muy bien para aliviar el cansancio acumulado de todo el día.

Guizhou es una zona con un nivel de humedad elevada. Durante el día hace calor húmedo pero durante la noche la humedad aumenta y el calor se reduce.

Ya en la fábrica de té cenamos por turnos. Primero los que estaban trabajando en la fábrica y después nosotros. Sólo entrar en la cocina ya tuve que salir tosiendo. Humo, picante,… allí comen muy picante y para cocinar utilizan fuego de leña. Todo se cocina en una paella de hierro gigante. Ellos están acostumbrados a comer picante, pero nosotros no, con lo que nos hicieron dos platos sin picante. Uno era carne de jamón cocido con verdura y el otro era un “fondee” de verduras. Ambròs comió dos o tres boles de arroz, todo era muy bueno!

Se hace de noche, tarde y todo el mundo seguía ocupado en la fábrica de té. Los niños levantaban unas cestas muy grandes llenas de hojas y aunque yo también lo intenté, no pude! Ambròs ya estaba preguntando a cada persona por su trabajo y lo que estaban haciendo. Yo estaba cansada y pensando en irme a la cama pero antes tenía que ir a lavarme la cara e ir al lavabo fuera de la fábrica, tuve pereza y decidí esperar un poco más. Cogí una silla de bambú y me senté en el patio con suelo de hormigón, a mirar las estrellas. Podía oír los grillos y las ranas cantando. Tuve que coger un jersey ya que hacía frío.

Otra cosa que no puedo evitar de explicar es el lavabo. El lavabo es una caseta que está situada a 50 metros fuera del recinto de la fábrica, construida con cemento y con dos puertas, una para chicas y otra para chicos. Dentro de cada habitación hay tres separaciones con un agujero en cada separación. Por la noche hay que ir con una linterna. Por lo tanto decidí que a partir de media tarde ya no bebería más agua, para evitar tener que ir sola al lavabo a media noche. Mi temor era incrementado por unas tumbas blancas que se percibían a la distancia y era inevitable no fijarse durante el trayecto al WC.

Después de cenar la mujer de Ou nos enseñó la habitación para ir a dormir. Me explicó que según la costumbre de allí, aunque los visitantes o no sean pareja, no pueden dormir juntos. No le di mucha importancia ya que estaba muy cansada y lo único que quería era una cama para poder descansar bien. Los dormitorios construidos en la segunda planta mantenían su estructura original, suelos, paredes y techo, todo de madera. La luz del pasillo, una bombilla de pocos vatios, se abrió al subir la escaleras. Durante el día entraba mucha luz pero por la noche si no fuere por esa bombilla no se vería nada. La madera del suelo chirriaba al pisarla, y a medida que avanzaba en el amplio pasillo me encontraba con la ropa colgada en el lateral. La primera habitación que encontramos, a la derecha del pasillo, tenía una cama doble, la segunda, tenía dos camas dobles, las otras no las pude ver pero supongo que serian muy parecidas. Me tocó la segunda habitación y dos chicas ya dormían juntas en la primera cama doble, que estaba justo a la entrada. Yo dormiría con la cocinera en la otra cama del fondo de la habitación. Ambròs tuvo suerte y le tocó la primera habitación, donde sólo había una cama doble sola, toda para él. Eso me di cuenta el día siguiente ya que me fui a dormir antes que él y no sabía donde dormiría. Cuando más tarde entré en la habitación la cocinera ya dormía y me dormí a su lado en menos de cinco minutos. La cama era de toda madera, dura como nos gusta y para cubrirse una sábana rellena de algodón (eso es muy típico de China, para mi es perfecto, va bien para la columna). Me desperté a media noche, miré el móvil y eran alrededor de las tres de la mañana, tenía pis. Estaba pensando soluciones, utilizo la luz de móvil o la luz de la linterna? Me atrevo a ir sola o busco a Ambròs (ya que no sabía a donde dormía)?. Decidí aguantarme, que ni hablar de levantarme sola para ir al lavabo al lado de las tumbas. Mientras estaba despierta y decidía si iba al lavabo o no escuché una persona cantando, os prometo que no era un sueño, era una voz de un señor mayor, campesino, no entendí ni una palabra de lo que cantaba pero sonaba muy bien. Parecían canciones tradicionales y como me gustaron tanto quedé dormida otra vez. Menos mal!

plantacion-de-te nido-de-pajaropueblo-guizhoufruto-guizhoupueblo-guizhou casa-guizhou fabrica-de-te

2 comentarios de “Viaje a china 27 (4 – primera noche en la fábrica de té)

  1. Raül dice:

    Que envidia poder releer los pasajes de vuestra experiencia. Pero no se que seria peor si pasar por al lado de las tumbas o dormir en la misma cama que la cocinera!!!!, tienen muchos cuchillos!!!! Jeje jeje, la verdad que explicáis experiencias que son tan auténticas que nos parecen una novela. Esperamos con impaciencia el próximo relato. Increíble saber y entender que para poder disfrutar de una taza de te hay tanta gente, incluso niños y niñas trabajando para poder ofrecernoslo. Muchas gracias por ser nuestros ojos, nariz y oídos en esas tierras tan lejanas y entrañables.

    • ambròs dice:

      Buenos días Raül,
      gracias por tus bonitas palabras. Para beber una taza de té, antes tiene que pasar por tantos sitios, procesos, manos,… desde que se se recoge la hoja de la planta (por no ir más atrás) hasta que entra en nuestra boca, que siempre la hacen una bebida única. Una bebida que es necesario disfrutarla con todos tus sentidos.
      Ahh, y la cocinera la chequean antes de entrar en la habitación 😉

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *